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¿Por qué no subo de peso?

El peso bajo es el peso por debajo del valor saludable y corresponde a un IMC (Índice de masa corporal, que es el resultado del peso entre la talla al cuadrado) por debajo de 18.5.

La causa más frecuente es la desnutrición por ausencia de una buena alimentación. También puede ser el efecto posterior a algunas enfermedades como por ejemplo una diarrea prolongada. El peso bajo puede depender también de la genética o predisposición al peso bajo. En presencia de alimentación adecuada puede deberse a enfermedades físicas o mentales: Cáncer, tuberculosis, VIH-SIDA, diabetes mellitus tipo 1, hipertirodismo, enfermedad inflamatoria intestinal, anorexia nerviosa, bulimia, ansiedad, depresión, estrés, drogas o estimulantes, etc.

Ante la presencia de un paciente con peso bajo el problema más directo es determinar si está asociado o es secundario a una enfermedad subyacente, pues la pérdida de peso inexplicada requiere un diagnóstico médico.

Las consecuencias del peso bajo es que las personas que lo padecen pueden tener una condición física y un sistema inmunológico débil propenso a infecciones. La deficiencia de micronutrientes debilita tanto el sistema inmune como el no inmune del cuerpo que se asocia a complicaciones.

Si hablamos de la parte nutricional no sólo la ingesta de calorías puede ser inadecuada, también se puede alterar la absorción de nutrientes (especialmente aminoácidos, vitaminas y minerales).

Las manifestaciones asociadas a peso bajo son la presencia de anemia, caída de cabello, mal estado de piel, dientes y uñas, trastornos menstruales.

La posibles complicaciones en las que deriva el peso bajo es el mayor riesgo de demencia, mayor riesgo de osteoporosis aún en pacientes jóvenes, susceptibilidad a enfermedades a repetición, problemas de fertilidad, embarazos de riesgo, etc.

El tratamiento va orientado a la causa que provoque el peso bajo. En cuanto a la dieta debe constar de proporciones adecuadas de carbohidratos (pan, papas, arroz, pastas, dando preferencia a los integrales), proteínas (carne, pescado, huevos, frijoles, legumbres, lácteos, etc.), vitaminas y minerales (5 porciones al día de frutas y verduras), consumir poca grasa saturada, bajo en azúcar y sal. Recuerda que la alimentación debe ser supervisada por un especialista para que puedan dar un plan adecuado a las necesidades de cada paciente. En cuanto a la práctica de actividad física va orientada al incremento de masa muscular, incrementar el apetito y mejorar el estado de ánimo.

El resultado del tratamiento se debe reflejar en el incremento del peso en por lo menos medio quilo por semana para lo cual debe administrase un régimen alimenticio que incorpore 500 calorías extras al día.

Recordar que ante la presencia del peso bajo deben acudir al especialista en endocrinología para un chequeo completo y manejo de la enfermedad de fondo.

Por la Dra. Romyna La Rosa

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